CARACTERÍSITICAS DEL MARXISMO CULTURAL





El marxismo cultural se fundamenta en varios puntos doctrinales, algunos más importantes que otros, a saber:

Antiblanquismo: odio a la raza blanca y justificación del genocidio blanco. Inmigracionismo. Promoción del mestizaje. Victimización de los no blancos y criminalización de los blancos.

Feminismo: victimización de las mujeres y criminalización de los hombres y la masculinidad. Exaltación del matriarcado y denigración del patriarcado tradicional de Europa.

Homosexualismo: promoción y defensa de la homosexualidad como un fenómeno natural y sano. Victimización de los homosexuales y criminalización de la crítica. Se incluye aquí en general a todas las formas de degeneración sexual (teoría queer).

Antirreligión: odio y oposición beligerante a las religiones. Los valores y tradiciones de Occidente, que han sido históricamente obstáculo para los intereses parasitarios, son los objetivos reales a vencer y no una religión en particular. Sin embargo, como ya no hay presencia de otras religiones más significativas políticamente, se ataca casi exclusivamente al cristianismo ya que éste representa la religión mayoritaria de Occidente y un símbolo o reducto de dichos valores y tradiciones.


Animalismo: una postura poco conocida, incluso dentro del marxismo cultural. Consiste en la humanización y victimización extrema de los animales y en la criminalización del ser humano. Defiende un veganismo beligerante y agresivo contra quienes consumen productos animales. El motivo de su escaso apoyo radica en que, para ser animalista, es necesario renunciar a comer unos determinados alimentos, a vestir una determinada clase de ropa, y, en general, a una serie de placeres, cosa a la que los marxistas culturales generalmente no están dispuestos, dado su carácter habitualmente hedonista. Los animalistas llaman especistas a quienes se oponen a sus ideas.

Igualitarismo: negación de las diferencias entre individuos. Es el mantra de Todos somos iguales.

Anarquismo, antimilitarismo y pacifismo. Desafío injustificado a la autoridad. Negación de las naciones, de los pueblos y de las razas.

Antifascismo, y anti-nacionalismo en general.

Además de los puntos básicos anteriores, presenta una serie de características, como son:


Universalismo: el marxismo cultural defiende sus ideas como si fueran axiomas o dogmas universales así como la implantación de las mismas creencias, unos mismos valores y un mismo estilo de vida para todos los pueblos, dañando con ello su esencia nacional. Por ejemplo, Barack Obama dijo al presidente de Uganda que su nueva ley antihomosexualista perjudicaría gravemente las relaciones entre ambos países [1]. No es el único caso de presión internacional ejercido contra países que no comulgan con los ideales del marxismo cultural.

Relativismo moral: contradictoriamente al punto anterior, consiste en la negación de verdades y valores universales. De él derivan el todo vale, con mi cuerpo hago lo que quiero, mientras no me afecte me da igual...

Hedonismo: búsqueda a toda costa del placer gratuito y vacío. Fácilmente apreciable en los movimientos hippies.

Creencia de que los medios justifican el fin.

Apoyo a la legalización de determinadas acciones contrarias al buen funcionamiento de una sociedad humana, y contrarias a la ética más elemental, como el aborto libre e indiscriminado, el consumo de drogas, la prostitución, e incluso, en los casos más radicales, la pederastia. Característica fundamentada directamente sobre el relativismo moral.

Creencia de que todo cambio es a mejor. Oposición al conservadurismo (que se puede considerar antagonista al marxismo cultural o progresismo).

Producción de arte degenerado, o apoyo al mismo.

Creencia a pies juntillas en las versiones oficiales de la historia.

Rechazo del revisionismo histórico.

Una aversión profunda a todas las ideas que contradigan al marxismo cultural. Uso de las amenazas, del argumentum ad baculum, del ad hominem, y en ocasiones, de los ataques directos a los opositores, mediante la censura.

Los marxistas culturales no ven sus ideas como parte de una doctrina. Un marxista cultural nunca se reconocerá a sí mismo como tal, y lo será inconscientemente.

El marxismo cultural defiende sus ideas como si fueran axiomas o dogmas universales e independientes de toda doctrina y pretende presentarlas como si estuviesen de algún modo libres de cualquier extremismo ideológico. Su extremismo ideológico es particularmente peligroso ya que generalmente las personas no lo perciben y, en cambio, dan por hecho que es parte de un supuesto "progreso".

Así pues, por ejemplo, mientras que un nacionalista racial se opondrá al genocidio blanco en base a su ideología, según la cual todos los pueblos tienen derecho a un lugar bajo el sol, un marxista cultural defenderá el multiculturalismo o el integracionismo racial sin basarse en el marxismo cultural en sí, como una doctrina base de la que parten sus valores, sino que lo hará desde una perspectiva, en cierto modo, externa a la política, considerando que el multiculturalismo es algo natural y sano per se, cerrándose también, por ello, a toda forma de discusión y argumento que contradiga sus creencias. Dicho de otra forma: el marxismo cultural no se basa en ideas, sino en dogmas, que muy a menudo se intentan imponer a los demás dotándolos de un aparente discurso crítico y científico.

Esto distingue al marxismo cultural por completo del resto de ideologías, y lo hace especialmente difícil de criticar y de señalar, lo que lo protege ante los ataques. Asimismo, en Occidente, casi la totalidad de las personas autodenominadas "apolíticas" son en realidad marxistas culturales.


Los miembros de la Escuela de Frankfurt fundieron las ideas de Karl Marx y de Sigmund Freud. De la amalgama resultante, conocida como freudomarxismo, nació el marxismo cultural.

Así como el marxismo clásico sostiene que en el capitalismo el obrero es oprimido, el marxismo cultural argumenta que la cultura occidental, o la raza blanca, o los hombres, o los heterosexuales, oprimen a toda la sociedad, especialmente a ciertas minorías. El protagonismo de las ideas de Freud es total, y de ahí que las cuestiones sobre sexualidad tengan tanto peso en el marxismo cultural. Aún hoy día en el marxismo cultural la figura de Freud es frecuentamente citada y alabada.

El psicoanalista judío Erich Fromm decía que la masculinidad y la feminidad no eran reflejo de diferencias biológicas sino que surgían en los individuos por imposición social (este es un principio básico de muchas aberraciones sexuales modernas). El judío Herbert Marcuse perfeccionó y completó entre los 1950' y los 1960' la conversión del marxismo clásico a cultural, y lo inyectó en la Nueva Izquierda.


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