Negocio, la negación del “ocio”.




OCIO.  Del lat. otium. Etimología: Hacer algo sin aspirar, esperar o pedir compensación.
  1. m. Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad.
  2. m. Tiempo libre de una persona.
  3. m. Diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas.
  4. m. pl. Obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones.
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La palabra OCIO, su concepto y sentimiento, contiene la misma esencia de las palabra libertad y amor, pues el ocio es liberación del trabajo, del tripalium, el yugo de la obligación, el ocio es todo lo que se realiza por el “placer y el gozo” de hacer sin pretender compensación,  por tanto es lo que se hace por amor.
Contrariamente a su definición académica, ocio no es inacción, pasividad. Ocio es la más libre de las acciones, y per se,  la que puede aportar paz, plenitud y gozo. No hay mayor libertad que la “acción” de meditar, pensar o contemplar; acciones que están liberadas incluso de la acción corporal.
Y puestos a consagrar el ocio a una acción, qué mejor que hacerlo en aquello que el alma precisa para su progreso, y que el espíritu inclina para su elevación.
Ocio no es antónimo de labor. La labor que se hace por ocio no cansa, no entristece, no aburre, no es energía malgastada que desvitaliza.
La negación del ocio, de la libertad, de la vocación, del placer, del gozo, de la acción por amor, …, es el negocio.
Negocio es el aprovechamiento y satisfacción egoístas de los requerimientos del cuerpo menospreciando, soslayando o negando los del alma y el espíritu.
Es tal la inclinación perversa del negocio que ha creado el ocio negocio, en forma de tentaciones y sensaciones intensas e inmediatas, pero efímeras, que desaparecen tan pronto se experimentan para “repetirlas”.
¿ Qué mejor forma de hacer negocio que desvirtuar, degenerar o corromper el ocio ?
¡Bendito ocio, maldito negocio!



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